Existe un mundo de ficción en el que la ya famosa fotografía de los soldados rusos plantando la bandera soviética en el Reichstag no se ha producido. Un mundo en el que la Revolución Rusa no triunfó y donde Roosevelt perdió las elecciones frente a Noah Grace, quien en muy poco tiempo instauró un régimen realmente aislacionista y de tintes autoritarios. Este universo no es otro que la ucronía que nos plantea la saga de videojuegos Resistance. Desarrollada por Insomniac Games para las consolas Play Station 3, PSP y Play Station Vita, los creadores ponen al alcance de los usuarios un planeta Tierra en el que el zarismo vence a los bolcheviques y en el que no hay ni el más ligero atisbo de Adolf Hitler ni del nazismo. En la Europa del siglo XX que plantea Resistance no hay tiempo para constituir un imperio basado en la supremacía de la raza aria, porque hay cuestiones más acuciantes que solucionar. En el universo planteado por la saga de videojuegos Europa se ve asolada en los años 50 por unos seres, las quimeras, que nadie sabe si son infectados por un virus o extraterrestres que nos invaden. En cuestión de un par de años estas quimeras han conquistado media Europa, incluyendo Reino Unido, haciendo que los Estados Unidos decidan entran en la guerra para evitar así que la amenaza llegue a su territorio. Sin embargo, de nada funcionará y las quimeras invadirán también Norteamérica, arrasándolo todo y dejando como ejército opositor una resistencia basada en milicias y algunos equipos profesionalizados que son poco más que vestigios del poder militar terrestre anterior a las quimeras.

Resistance

Captura de pantalla de Resistance.

Si uno se repasa los tráileres y vídeos cinemáticos de las diferentes entregas de la saga (Resistance tiene tres entregas para Play Station 3, que son las relevantes; pero también una para PSP y una para PS Vita), en todos ellos pueden vislumbrarse fácilmente muchos elementos simbólicos que hacen referencia a la Segunda Guerra Mundial, que recordemos, en Resistance no ocurrió, pues ni siquiera hay noticia alguna de qué estaba sucediendo en Alemania durante esos años. Al igual que en el desembarco de Normandía, en Resistance son los americanos los que tienen que viajar a Europa para salvar a los británicos. Pero, al igual que en el conflicto real, el verdadero motivo por el que los americanos van a combatir a Europa es para poder así evitarse tener que hacerlo en territorio patrio, en propio suelo estadounidense. Si bien durante la Segunda Guerra Mundial no hubo batalla en suelo americano (en la enorme placa terrestre que suponen los EEUU, pues sí que se derramó sangre en las diferentes bases norteamericanas en el Pacífico), en Resistance se intenta hacer lo mismo, pero con mucho menos éxito, pues las quimeras acaban invadiendo y prácticamente tomando Estados Unidos. Podría decirse que Resistance intenta mostrar a través de un relato de ciencia ficción qué hubiese pasado si la Segunda Guerra Mundial se hubiese desarrollado favorable al bando alemán, solo que en la saga de videojuegos no existen los alemanes.

Hay dos cosas que llaman mucho la atención en la saga Resistance y que juntas construyen un discurso político muy implícito. A mi juicio estas dos cuestiones se plantean casi de manera involuntaria o no conscientemente, pero no es complicado darse cuenta de que muestran un mensaje político cargado de ideología y mensajes que pueden resultar ciertamente peligrosos. Una de las cosas que más llaman la atención de estos videojuegos de Insomniac Games es la aniquilación casi instantánea de la Unión Soviética. En solamente un tráiler los creadores dejan cerrado que el zar aplasta a los bolcheviques y hace de Rusia un país cerrado a cal y canto (hasta construyen un muro más largo que la Muralla China, como se explica en uno de los tráileres) y tan hermético que suspende todas las comunicaciones con el resto del planeta. Resistance plantea al jugador una imagen culpable de Rusia. Es en Rusia donde se ven los primeros indicios de la existencia de las quimeras, pues un refugiado ruso con un cráneo modificado genéticamente muere de camino a Gran Bretaña. A la Rusia de esta ucronía se la pinta como causante del desastre que vendrá después. Las quimeras vienen de Rusia y se expanden desde dicha zona a toda Europa primero, y a todo el planeta después. De hecho, nadie sabe siquiera si estas quimeras son unos extraterrestres que, casualmente, aterrizaron en Siberia o si estos seres son producto de un virus causado por una serie de experimentos y mutaciones practicados por Rusia para crear un ejército invencible. La imagen de Rusia cambia totalmente en esta ucronía. De ser reconocida como uno de los principales motores por los cuales se tomó Berlín a ser la culpable de la plaga que acaba con el planeta. Una Rusia que, recordemos, no es soviética sino que sigue siendo zarista, algo que al jugador le da igual porque sí conoce de sobra la existencia de la Unión Soviética y es capaz de culpar a esta de todo lo que se le culpa a la Rusia ficticia del videojuego, de manera que uno puede mezclar ucronía con realidad para acabar pensando que estas quimeras son cosa de Stalin.

Resistance

Póster ruso fechado en 1918 que pregona el avance soviético sobre Europa.

Panfleto estadounidense fechado en 1938 que muestra el miedo a la expansión del comunismo por el mundo.

Resistance

Captura de pantalla del vídeo de presentación de Resistance.

Sin embargo, no es esta idea de Rusia como culpable la más polémica que, a mi juicio, Resistance deja a los jugadores. Como se ha dicho en los primeros párrafos, en ninguna de las entregas del videojuego se comenta el más mínimo detalle de qué es de Alemania durante todo este proceso de invasión de las quimeras. En ningún momento se cuenta qué fue de Alemania tras la Primera Guerra Mundial, ni durante el periodo de entreguerras, ni mucho menos ya comenzado el conflicto contra la nueva amenaza. En Resistance no existe ninguna Alemania en la Europa del siglo XX. Y eso sí que da miedo. La consciente eliminación de todo vestigio de lo ocurrido durante la etapa del nazismo es la forma de entropía más dura que se puede encontrar en esta saga de Insomniac Games. Si bien podía haberse explicado, al igual que se hace con la Unión Soviética, que Hitler no llegó al poder por cualquier motivo, culpando probablemente a las quimeras, el videojuego prefiere obviar, y por tanto silenciar, esta parte de la Historia reciente. Si bien podría decirse que en muchos momentos del videojuego, sobre todo en momentos de batallas contra las quimeras, da la sensación de que uno está combatiendo contra soldados nazis (pues además el juego se trata de un shooter en primera persona al estilo de Call of Duty o Medal of Honor, otros títulos en los que uno siempre mata nazis o comunistas), los creadores de Resistance ya nos han dejado bien claro que estos seres no tienen nada que ver con Alemania sino, de una manera u otra, con Rusia. La saga de videojuegos Resistance parece querer decirnos, repito aquí que seguramente de una manera inconsciente y para nada políticamente premeditada, que el nazismo no tiene demasiada importancia cuando hay una amenaza de seres no humanos que está conquistando el planeta. La existencia de Hitler no importa en absoluto cuando Nueva York está en ruinas por culpa de las quimeras. Si bien no puede decirse, ni mucho menos, que Resistance haga un ejercicio de justificación de lo ocurrido en la Alemania de Hitler, si puede parecer que los creadores buscan enterrar el nazismo, sabedores de que la fuerza de tal hecho puede silenciar lo que sus inventadas quimeras rusas tienen que decirnos.

En resumen, lo que se quiere mostrar en estos párrafos es cómo una saga de videojuegos verdaderamente galardonados y mediáticos (existen ya cómics y novelas surgidos a raíz del videojuego) puede difundir de manera masiva mensajes casi subliminales acerca de la Historia del siglo pasado. En Resistance no hay comunistas, aunque Rusia sigue siendo enemiga y culpable, y tampoco hay nazis. Solo existe la alianza de Reino Unido y EEUU en un lado y las desconocidas quimeras del otro como representantes del mal más absoluto. Resistance, no dudo que como estrategia comercial, como tampoco dudo que su mensaje deja un calado en el jugador, viene a decir a la sociedad del siglo XXI que si bien el siglo pasado fue duro y sangriento, podría haber sido peor, pues podrían habernos invadido sus quimeras imaginarias.

Referencias:

Resistance: Fall of Men (2006). Insomniac Games. Play Station 3. Sony Interactive Entertainment.

Resistance 2 (2008). Insomniac Games. Play Station 3. Sony Interactive Entertainment.

Resistance Retribution (2009). SCE Bend Studio. Play Station Portable. Sony Interactive Entertainment.

Resistance 3 (2011). Insomniac Games. Play Station 3. Sony Interactive Entertainment.

Resistance: Burning Skies (2012). Nihilistic Software. Play Station Vita. Sony Interactive Entertainment.

 

Tráileres

– Resistance Fall of Men: https://www.youtube.com/watch?v=nJ8Yuq8qpbM

Resistance 2: https://www.youtube.com/watch?v=5A4jQugfQCM

Resistance 3: https://www.youtube.com/watch?v=yNnVtGyKs68

Resistance Retribution: https://www.youtube.com/watch?v=ijV4nkCB2zM

Resistance Falling Skies: https://www.youtube.com/watch?v=ndagwEkpjOg