El matriarcado asari es una buena prueba de que Bioware siempre ha sido una compañía referente en lo que a diversidad y diseño de personajes y narrativa se refiere. Las sagas Mass Effect o Dragon Age han sido desde siempre adalides de la resolución de conflictos de profundo calado social como la igualdad de género, la representación étnica, la xenofobia y el racismo, la diversidad religiosa, la aceptación de la homo/bi/transexualidad y un largo etcétera.

Con el lanzamiento del primer Baldur’s Gate (Bioware,1998), nueve años antes de la aparición del primer Mass Effect (Bioware, 2007), Bioware ya hizo gala de este innovador y acertado enfoque respecto a la profundidad con que construye sus personajes y entornos políticos y sociológicos, bebiendo de las fuentes del universo Dungeons and Dragons, acérrimo defensor de esta idea de diversidad. No cabe duda de que esta complejidad en sus historias, por encima de sus mecánicas, ambientaciones o sistemas de combate, es la que hace de cada juego de la compañía canadiense una experiencia única e inolvidable. Los amantes de la narrativa encontramos en los juegos de Bioware una extensión casi inabarcable de horas de contenido, conversaciones, interacciones y anécdotas, que se multiplica con la permanente posibilidad de construir tu propia aventura gracias al ya mítico sistema de decisiones múltiples y alineaciones morales.

Si algo podemos destacar de la saga Mass Effect, por encima de otras análogas como Dragon Age (Bioware, 2009) o Baldur’s Gate, es el tratamiento que hace del interespecismo, entendido en último término como una metáfora espacial de nuestra terrenal globalización. Bien es verdad que en Dragon Age, por ejemplo,  son comunes los conflictos entre humanos y otras especies, fundamentalmente la élfica o la qunari, y se hace hincapié en la descripción de los procesos de integración de esas culturas tan diferentes en un entorno sociopolítico global. Sin embargo, el do de pecho en este sentido lo da la saga de Shepard, que ha sido capaz de diseñar un sistema en que una cantidad ingente de especies conviven, comparten y son capaces de organizarse en intrincadas redes culturales, económicas y sociales. Es común ver cómo otras películas, videojuegos o novelas de ciencia ficción caen en la idea xenófoba de que lo alienígena está inherentemente avocado a la categoría “monstruoso” o, cuando menos, de otro o ajeno, y en muchas ocasiones se vincula también a la idea de violencia, guerra y colonización espacial. Este modelo lo podemos ver en clásicos como Alien, Mars Attacks, La Guerra de los Mundos, Independence Day o incluso la aclamada Star Trek -en contraposición con Star Wars, que plantea un universo integrador mucho más en relación con la cosmovisión de Mass Effect.

Lo interesante de este acercamiento de convivencia entre especies son las interpretaciones que de ello se pueden obtener. Por ejemplo, algunos autores señalan que en Mass Effect, cada especie descrita por los autores puede ser interpretada para metaforizar un sistema o conflicto existente en el presente o en el pasado de la Historia de la humanidad. Un análisis más exhaustivo apunta a que cada especie es susceptible de sugerir diferentes interpretaciones de un tema tan contemporáneo como los roles de género. Relacionado con este tema las diferentes especies alienígenas presentes en Mass Effect proponen situaciones diversas. Tomemos a los Krogan como ejemplo, una especie que está fuertemente militarizada y trata a las hembras como trofeos: pocas de ellas son fértiles, así que los clanes Krogan machos luchan entre ellos por la capacidad de reproducirse. Las mujeres Krogan son valoradas en tanto en cuanto son capaces de proveer descendencia. Generalmente viven en clanes separados y no suelen abandonarlos, a excepción de varias Krogan notables como Eve , Kesh o algunas otras Krogan en Mass Effect: Andromeda. En cualquier caso, a pesar de que muchas de ellas tienen capacidad de dirigir y decidir sobre su futuro o el de sus descendientes,  las normas culturales de Tuchanka, su planeta natal, no condenan la opresión de las hembras Krogan (Boruff, 2013).

Mientras que la objetificación Krogan es sensiblemente denigrante, la casual ausencia de representación femenina de otras especies es síntoma de una forma de sexismo más perversa, un prejuicio que sencillamente ignora un rama demográfica completa y que se focaliza exclusivamente en las historias del grupo dominante: el masculino (Boruff, 2013).Las hembras de una gran parte de las especies que forman parte del imaginario de Mass Effect simplemente no aparecen, a pesar de que el Códice asegura su existencia y cataloga dichas especies como sexuadas y dimórficas. Otras especies asexuadas como la Hanar, cuyos protocolos reproductivos son deliberadamente incomparables con el sistema sexual humano, son sin embargo víctimas de una perversa atribución de género masculino, gracias a herramientas como los pronombres personales utilizados en los diálogos o los actores de doblaje encargados de darles vida. Del mismo modo que la ropa unisex está compuesta de pantalones y camisas, y nunca de faldas y vestidos: en un sistema hegemónico patriarcal, lo normativo se asigna inequívocamente a lo masculino, quedando lo femenino relegado a la excepción, a la rareza, a lo otro. Si una especie debe tener un único sexo, entonces éste será masculino; a pesar de defender la pluralidad, sigue siendo un universo creado por y para hombres.

Sin embargo, dentro de este sistema encontramos una especie alien que de alguna forma escapa de la situación descrita: las Asari. Las Asari son una raza exclusivamente femenina, de color azul y, según el resto de especies, gran belleza. Villanas, científicas, gobernadoras, strippers… la especie más longeva de la galaxia es sinónimo de éxito y su presencia nunca pasa desapercibida para nadie; de las docenas de especies descritas en Mass Effect, podría decirse que las Asari son la más poderosa, influyente y con mayor representación. Y lo más importante de todo: son un ejemplo vivo de cómo el matriarcado es un sistema político válido y susceptible de adoptar una postura de superioridad frente al de otras especies, en contraposición con los ejemplos históricos con que contamos en la historia de la politología y la sociología humanas, y de los que hablaremos más adelante.

En primer lugar, el mundo de origen de las Asari es Thessia, reconocida en el juego como la cúspide de la democracia. Las repúblicas que la componen son conocidas por el bajo número de incidentes, guerras, enfermedades, crimen y por una estabilidad económica basada en recursos abundantes como eezo, un material necesario para modificar la masa de los objetos y crear gravedad artificial o moverse por el espacio más rápido que la luz. Vivir en un planeta con un recurso tan vital facilitó a las Asari el ser las primeras de su ciclo (en el juego es el tiempo que tardan los Segadores en despertar) en descubrir la Ciudadela, e hizo que fuesen las más adelantadas tecnológicamente. Más aún, las Asari no sólo tuvieron suerte con su planeta de origen; los y las proteanos/as (la especie más avanzada del anterior ciclo) aceleraron su evolución dotándolas de poderes bióticos (posibilidad de alterar la masa de objetos/personas mediante impulsos eléctricos del cerebro) y protegieron el planeta de asteroides y otra serie de peligros. Pero su éxito no depende sólo de la suerte, las Asaris han trabajado y se han esforzado por crear un gobierno que responda a sus necesidades sociales y políticas y al del resto de especies.

A lo largo de su historia, el gobierno de las Asari ha sido por definición matriarcal: en primer lugar porque son ellas y ninguna otra raza las que se gobiernan y en segundo lugar porque su sociedad está compuesta sólo por mujeres. Pero, ¿es posible hablar de un gobierno compuesto por mujeres cuando el único género es el femenino? Cierto es que las Asari sólo expresan un género y un sexo, pero para expresarlo utilizan pronombres y títulos femeninos utilizados por el resto de especies para referirse a sus hembras; a los ojos del resto de la galaxia y a los ojos de los y las diseñadores/as del juego, las Asari son mujeres.

El término matriarcado es ampliamente utilizado hoy en día de forma desvirtuada, debe ser entendido como la contrapartida del patriarcado: un tipo de sociedad en que las mujeres poseen el liderazgo político, la autoridad moral y el derecho a la custodia de la descendencia, haciendo alarde de una posición de superioridad frente a sus compañeros masculinos. Como decíamos al principio, en nuestra historia no hay muchos ejemplos fidedignos de matriarcado, aunque sí podemos encontrar ejemplos de ginecocracia (gobierno civil de mujeres) y matrilinealidad (predominio de la línea materna para la transmisión del patrimonio), ambas sin la idea de superioridad esencialista de la mujer (Álvarez, 2008; Martínez, 2015).

El gobierno Asari está formado por las llamadas Repúblicas Asari. Históricamente, ellas siempre se han gobernado mediante ciudades republicanas independientes; un sistema que podría compararse con la ciudades estado de la zona del mediterráneo de los siglos VI y VII. Una ciudad estado es por definición un estado que consta de una única ciudad, y puede ser independiente (como el caso de la Ciudad del Vaticano o las propias Repúblicas Asari) o formar parte de una nación más grande (Ceuta o Melilla). Entonces, ¿son las ciudades estado de la antigüedad las que inspiraron el diseño de las Asari y su organización político-social? Las primeras ciudades estado documentadas se encontraban en Mesopotamia, en las proximidades de los ríos Tigris y Eúfrates. Podemos ver el claro paralelismo entre el origen de estos dos fenómenos; a la hora de decidir dónde colocar una ciudad, es importante tener en cuenta los recursos disponibles: para las Asari es el eezo de Thessia, para la sociedad de la antigua Mesopotamia era el fácil acceso a los ríos. Sin embargo, y pese a la dificultad de englobar Mesopotamia como una sola cultura, la situación de las mujeres de aquella época no era especialmente buena. La mujer muy pocas veces era libre y vivía bajo un régimen patriarcal en el que el cabeza de familia era siempre un hombre o, en su ausencia, el primogénito varón quien ejercía la autoridad; ellas, según el código de Hammurabi eran protegidas como objetos (Valverde, 2014); la mujer de Mesopotamia sólo podía aspirar a ser esposa, sacerdotisa o prostituta. En contraposición, las Asari pasan por tres etapas vitales: doncella, matrona y matriarca; todas estas etapas son vistas por el resto de la sociedad como una forma de empoderamiento y desarrollo vital. Por otro lado, la centralización de todo el poder y la ausencia de una democracia como la de las Asari denota que las similitudes con el modelo mesopotámico residan sólo en la citada elección del emplazamiento.

Es complicado encontrar ejemplos de matriarcado o algún sistema similar parecido al de las Asari porque el patriarcado se encargó durante años de limitar y coartar el papel de la mujer en la sociedad y porque los pocos datos de los que disponemos son de tribus, grupos y sociedades muy arcaicas. Sin embargo, hay estudios que podrían vincular a las Asari con sociedades en las que ser mujer estaba lejos de ser un hándicap.

En algunas de estas sociedades existen mitos que sugieren un pasado matriarcal en el que el poder recaía en manos las mujeres, quienes poco a poco lo habrían perdido en favor de los hombres. La mayoría de estas leyendas retratan a las mujeres como estafadoras y déspotas, y vinculan dicho traspaso de poder como algo positivo, un avance social. Uno de los mitos clásicos más conocidos es el de la tribu de los selknam de la Isla Grande de Tierra del Fuego; según las leyendas, las mujeres engañaban a los hombres haciéndoles creer que eran seres sobrenaturales. Un día los hombres descubrieron el engaño y entonces todo el sistema se volteó (Bamberger, 1975). Para autores como Bachofen (1815-1887) el matriarcado es una fase evolutiva de las primeras comunidades humanas que poco a poco llegan a desarrollar un orden superior, el sistema patriarcal (Iriarte,2002). Este y otros autores defendieron la existencia de un matriarcado en la Creta protohistórica, una civilización en la que no hay vestigios de murallas y en la que la que se venera a una Gran Diosa Madre. La antropóloga cultural Ruby Rohrlich-Leavitt también comulga con la idea de que en Creta las mujeres tomaron decisiones políticas al igual que los hombres, conservando la supremacía en lo que se refiere a lo religioso y social. Para algunas personas, el matriarcado representa un pasado que hay que dejar atrás, un modelo sin éxito y caótico; para otras personas constituye una alternativa al sistema actual que fue basado en la idea de que el hombre era superior a la mujer y que por eso debía reinar.

Algunos/as arqueólogos/as y antropólogos/as han propuesto la existencia de sociedades matriarcales o igualitarias exitosas en otros escenarios prehistóricos o protohistóricos. James Mellaart, arqueólogo británico descubrió en el asentamiento de Catal Hüyük (Turquía) pruebas de matrilocalidad y culto a la Diosa, así como de inexistencia de guerras o conflictos bélicos. Mellaart creía que en esta comunidad el hombre y la mujer se distribuían el poder y que tanto unos como otros fueron activos en cacerías. A pesar de que hoy en día no hay indicios de potestad compartida, hay autores que dicen que el modelo era alternativo al patriarcado (Lerner,1990).

Es fácil encontrar en nuestra Historia otros ejemplos de veneración a una sola deidad femenina, además de lo encontrado en Creta. El culto a esta Diosa Madre estaría generalizado durante el Neolítico y el Calcolítico. Algunas/os autores/as llegan a defender la teoría de que en el Egeo, Checoslovaquia y sur de Polonia existía un culto común a esta gran Diosa, que habría existido durante más de 5000 años (Gimbutas, 2014). Isthar, Dana, Afrodita… la figura de la Diosa siempre ha estado ahí, pero el lugar que lo femenino ha ocupado en nuestro imaginario colectivo ha ido cambiando a medida que la sociedad ha evolucionado. El papel de la Diosa en la Historia ha sido a lo largo de los años suplantado por la idea de un Dios masculino y omnipotente; al mismo tiempo, el rol que ocupaba la mujer en la sociedad ha sido limitado también sin posibilidad de empoderarse o aumentar su participación en la sociedad.

La veneración de una sola Diosa es también un rasgo característico de las Asari. Aunque su principal religión se llama Siari y es panteísta, esta doctrina no se populariza entre las Asari hasta que descubren que pueden fundirse – es decir, reproducirse- con cualquier otra especie de la galaxia. Sin embargo, la religión precedente se basaba en el culto a Athame, la única diosa conocida. Athame era en realidad proteana, la especie alienígena más avanzada del anterior ciclo; mediante este engaño los/as proteanos/as tutorizaron a las Asari y consiguieron controlar e impulsar su evolución. La vida de Athame, al igual que la de las Asari, también transcurre por las tres etapas antes citadas (doncella, matrona y matriarca) y a pesar de no ser ya tan venerada como en la antigüedad, la expresión by the Godness! se sigue utilizando del mismo modo que en nuestra cultura decimos ¡Jesús! o mencionamos a Dios cuando nos asombramos, asustamos, alguien estornuda, etc.

La relación entre Athame y otras deidades de nuestra Historia antigua parece evidente, pero la conexión más clara es la que une las Asari con la religión Wicca. Athame comparte el nombre con una daga ceremonial utilizada durante los rituales de dicho culto. Esta religión neopagana se encuentra en constante cambio y evolución, pero es típicamente duoteísta. A veces, estos/as dos dioses/as se representan como el Sol (Dios) y la Luna (Diosa); y debido a esta asociación con la Luna, la Diosa al igual que las Asari es concebida como un ente triple que representa las diferentes etapas de una mujer: doncella, madre y matriarca.

Las etapas vitales descritas por las Asari también las unen al conocido pueblo de las amazonas. Entre sus múltiples representaciones encontramos la de Diodoro de Sicilia, que las define como un pueblo gobernado por mujeres en el que ellas se ocupan de la política, la guerra y los asuntos comunes. En este reino, ellas se encargan de luchar y hacen el servicio militar cuando están solteras, y pasan a ejercer política cuando se aparean y traen niños/as al mundo (Martinez, 2015).

En cualquier caso y pese a la innegable inspiración historicista que los diseñadores de Bioware han encontrado en los ejemplos sociales, políticos, culturales y religiosos de matriarcados, ginecocracias y matrilinealidades de la Historia de la humanidad, la representación Asari tiene también la mirada puesta en el presente y, sobre todo, en el futuro. Por ejemplo, la cultura Asari contiene ejemplos interesantísimos del principal conflicto ideológico al que se enfrenta el feminismo contemporáneo, y que viene arrastrando desde finales del siglo pasado.

 A principios de la década de los noventa, nace el feminismo de la tercera ola, que se alinea con la idea de que cada mujer es dueña única y exclusiva de su cuerpo, y reivindica que existen diferentes maneras de ser mujer negando la existencia de un único modelo basado en una cultura hegemónica (Tong, 2009). Acepta también que vivir dentro de una sociedad patriarcal trae consecuencias y genera identidades complejas; por lo tanto, es importante que cada una defienda su pluralidad y abrace sus contradicciones (Jacobs, 2001). Esta idea choca contra lo que defiende la segunda ola feminista, de corte más recatado y defensora de los derechos de la mujer como sujeto empoderado capaz de dilapidar viejas convenciones acerca de la explotación de la mujer y en especial de su cuerpo. Estas dos corrientes del feminismo tienen puntos de vista diferentes en cuanto a, por ejemplo, la regularización de la prostitución, la moralidad de la gestación subrogada o la legitimidad de la pornografía. En el sistema social Asari es fácil ver estas dos tendencias en constante conflicto: algunas asari promueven que las asari viajen, conozcan mundo y que hagan con su cuerpo lo que desean;  otras integrantes de la especie favorecen la modestia y el recato como formas de preservar su estatus social (Boruff, 2013).

Además, las Asari cumplen también con la representación de las conocidas como nuevas formas de hacer política, llevando el concepto de democracia a niveles muy elevados y, por tanto, muy alejados del imaginario colectivo. Sin ir más lejos, en su sociedad no existen personas dedicadas en exclusiva a la política (salvo miembros del consejo o en algunos cuerpos militares), sino que todas las ciudadanas participan de ella mediante debates en foros y chats moderados por inteligencias virtuales. Cualquier propuesta, lesgislación o medida se encuentra abierta a votación en todo momento. Aún más, la manera de gobernar y de relacionarse con otras especies es lo que diferencia a las Asari del resto de razas y es lo que las hace únicas desde un punto de vista social. Son conocidas por su diplomacia, sus esfuerzos por entender al resto de razas y su capacidad para generar vínculos duraderos. No se conocen datos de grandes guerras con otras especies y a raíz primer contacto con los/as Salarianos/as (especie humanoide reptiliana de gran inteligencia) se fundó la Ciudadela, cuerpo político mediante el cual se logró conseguir la unión de todas las especies.

De lo que no cabe duda es que la representación Asari en Mass Effect es importantísima en varios niveles. Por un lado, ofrece una alternativa al sempiterno despliegue patriarcal de especies integradas únicamente por sujetos masculinos o razas asexuales que sin embargo, aparecen inequívocamente masculinizadas. Por otra parte, aún más importan te, son un fuerte y válido ejemplo de lo que un matriarcado es, podría y debería ser, y son además la prueba del potencial éxito de dicho modelo socio-político, en contraposición a los propios y escasos ejemplos de la Historia de la humanidad. Y ya por último, en una época de terribles turbulencias políticas para gran parte de los países de occidente, las Asari son una luz en medio de la oscura noche de la regeneración política, ofreciendo simulacros de modelos organizativos más integradores, más inclusivos, más participativos y, por ende, más democráticos.

Referencias bibliográficas:

  • Álvarez, L. (2008). De manzanas y serpientes. Devenir el otro. pp.117-154. ISBN: 9788496313651.
  • Bachofen, J.J. (1987). El matriarcado. Una investigación sobre la ginecocracia en el mundo antiguo según su naturaleza religiosa y jurídica. Akal, pp. 244-253. ISBN: 978-84-7600-170-7
  • Bamberger, J. (1979): El mito del matriarcado: ¿por qué gobiernan los hombres en las sociedades primitivas?, en Harris, O. y Young, K. (comps.): Antropología y feminismo. Anagrama. pp. 63-81.
  • Boruff, B. (23 de Mayo de 2013). Gender Roles and the Mass Effect Universe en The Analytical Couch Potato. Recuperado el 23 de Julio de 2016 de http://theanalyticalcouchpotato.org/wp/gender-roles-and-the-mass-effect-universe/
  • Gimbutas, M. (2014). Dioses y diosas de la Vieja Europa. Siruela. ISBN: 9788415937005
  • Iriarte, A. (2002).  De Amazonas a ciudadanos. Pretexto ginecocrático y patriarcado en la antigua Grecia. Akal. pp. 17-26. ISBN: 978-84-460-1168-2
  • Jacobs, K. (2001). Engendering change: What’s up with Third Wave feminism?. Sexing the political: A journal of Third Wave feminists on sexuality 1(1).
  • Lerner, G. (1990). La creación del patriarcado. Crítica. pp.33-42. ISBN: 9788474234749
  • Loop Stricken (28 de Agosto de 2011). Why no female aliens in Mass Effect? en The Escapist: Forums. Recuperado el 23 de Julio de 2016 de http://www.escapistmagazine.com/forums/read/9.309727-Why-No-Female-Aliens-in-Mass-Effect
  • Martínez, V. (2015). Matriarcado y antigüedad: revisión de un mito (trabajo fin de grado). Universidad de Valladolid. Grado en Historia. Disponible en: http://uvadoc.uva.es/handle/10324/16420
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  • Tong, Rosemarie (2009). Feminist Thought: A More Comprehensive Introduction (3 edición). Westview Press (Perseus Books). pp. 284–285, 289. ISBN 978-0-8133-4375-4.
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  • Wundergeek (5 de Mayo de 2011). Mass Effect Fail: the stuff BioWare didn’t get right (Part 2) en Go make me a Sandwich (How not to sell games to women). Recuperado el 23 de Julio de 2016 de https://gomakemeasandwich.wordpress.com/2011/05/05/mass-effect-fail-the-stuff-bioware-didnt-get-right-part-2/

Autores:

  • Alexander Rodríguez Delgado. País Vasco, psicólogo, profesor, educador social y activista pro derechos humanos. Apasionado de los videojuegos y miembro de Gaymer.es, comunidad LGTB+ para videojugadores/as. En sus ratos libres se dedica a escribir sobre videojuegos, educación, feminismo y representación de determinados colectivos en el mundo virtual.
  • Jorge González Sánchez. Natural de Salamanca, se dedica desde hace algunos años al desarrollo y crítica de videojuegos. Sus principales líneas de investigación son las teorías queer, de género y feministas aplicadas al desarrollo de narrativas y mecánicas en videojuegos. Además, es impulsor de la plataforma Gaymer.es, la principal comunidad LGTB+ para videojugadores/as de habla hispana.