Jugar en los tiempos del odio. Dedicar nuestro tiempo a una actividad, en apariencia, tan superficial como los videojuegos. La frivolidad de pasar las horas frente a la pantalla viendo el mundo caer a nuestro alrededor. ¿Nos convierten los videojuegos en seres pasivos, ajenos al mundo que nos rodea? Hace unas semanas Simon Parkin publicaba un artículo en el periódico The Guardian titulado: La única vergüenza de la crítica de videojuegos y subtitulado ¿Con vidas y derechos reales bajo amenaza, qué sentido tiene escribir sobre mundos virtuales? El texto se desarrollaba bajo una premisa, la vergüenza que sentía el autor al escribir sobre videojuegos mientras veía a su alrededor un mundo en crisis. Algunas respuestas a este artículo como este, donde examinaremos el videojuego indie Borders, argumentaban en contra de la opinión de Parkin y defendían otra idea, el videojuego era necesario como una herramienta de evasión ante este mundo en pedazos.

No comparto ninguna de estas opiniones. El videojuego, como ya he defendido en otras ocasiones en Presura es un lienzo en blanco y es responsabilidad del creador o los creadores completar la imagen. Por lo tanto, una obra videolúdica puede tener la intención de entretener, pero también puede tener la intención de denunciar. Es el caso de Borders. Borders es un videojuego gratuito creado por Gonzalo Alvárez (artista, director creativo, dirección artística, animador y diseñador), Jon DiGiacomo (programador y diseñador de niveles) y Genaro Vallejo Reyes (diseñador del juego, niveles y sonido). Fue publicado recientemente en la plataforma itch.io y tiene una clara intención, lanzar una dura crítica hacia la política migratoria de los Estados Unidos.

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Borders es un juego muy sencillo y de estilo arcaico realizado en tan solo siete días. El jugador encarna a un migrante mexicano en su periplo atravesando la frontera México-estadounidense. Durante su empeño deberá sortear a las patrullas fronterizas y evitar la muerte por inanición o deshidratación hasta alcanzar su objetivo, el suelo de Estados Unidos. Cada enemigo, los miembros de las patrullas fronterizas, tiene un cono de visión visible que ayudará al jugador a evitarlos. Alrededor del escenario existen arbustos o árboles que permiten ocultarse de los vigilantes. Además de estar pendientes de no ser apresados también tenemos que estar atentos a la sed del avatar y los depósitos de agua repartidos por el escenario para ir recolectando recursos y no morir en el intento. Sin embargo, la mejor mecánica del juego funciona a un nivel más profundo. Cada vez que el personaje fallezca por cualquier motivo el cadáver permanece para siempre en el mismo sitio donde cayó. De esta manera, cada vez que juguemos podemos comprobar como el desierto va llenándose de cadáveres. Es más, cuando por fin lleguemos a la frontera y crucemos al otro país lo haremos sorteando decenas de esqueletos que hemos ido dejando por el camino. Esta idea es muy poderosa. Yo lo he conseguido, los otros no pudieron y dejaron sus huesos secándose al Sol. El título muestra las consecuencias más funestas de la política migratoria y la situación de desigualdad entre dos países vecinos. La obra, como podemos observar, no destaca por sus gráficos ni por su gameplay sin embargo es uno de los lanzamientos más interesantes de principios de año por la pertinencia de su mensaje.

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Gonzalo Alvárez, el artífice del título, basó todo su trabajo en la experiencia vital de sus padres. Ambos tuvieron que cruzar el desierto para dar a sus hijos una vida mejor. De hecho, la madre de Alvárez fue capturada en un par de ocasiones. Borders nace de las historias que sus padres le contaron a este joven artista de 23 años. Unas historias que se han vuelto comunes en Estados Unidos y en México. Ana Minian, profesora de Historia en la Universidad de Stanford hizo pública recientemente su tesis de doctorado. En ella se recogían 200 entrevistas a migrantes mexicanos de las que extrajo algunas cuestiones generales como la existencia, en los estados de Michoacán, Jalisco, Zacatecas y Guanajuato, de una cultura migrante donde pasar la frontera se considera un acto de iniciación a la vida adulta:

La cultura de la migración es el único modelo que conocen y está tan arraigado que se considera que hacerse hombre pasa por cruzar la frontera. Es como un acto de iniciación. Solo así te vuelves el héroe que puede salvar y ayudar a tu familia de la evidente premura económica. No existe reproche hacia el que se ha ido, no al menos si no desatiende su responsabilidad de enviar remesas.

Un acto de iniciación acompañado de un doble peligro, por un lado cruzar la frontera en sí y por otro lado el ambiente de odio promovido por el presidente Donald Trump en el interior del país. Más de 220 personas han fallecido solo en febrero de 2017 tratando de cruzar. Esta situación de desesperanza provoca actos desesperados, como el de Guadalupe Olivas que, tras ser deportado en tres ocasiones por el gobierno de Estados Unidos acabó por suicidarse en la misma frontera. Una situación insostenible que sigue empeorando por culpa de las constantes e incendiarias declaraciones del actual presidente norteamericano. El documental Cartel Land narra la situación en la frontera y sitúa el foco en ambos lados. En los que luchan por cruzar y evitar el crimen en Estados Unidos y en las patrullas de vigilancia privada que no paran de multiplicarse en estados como Texas o Arizona. Porque no podemos olvidarnos de un aspecto primordial dentro de este escenario de calamidades, en muchas ocasiones, los que ayudan a cambio de una fortísima suma de dinero a cruzar la frontera son narcos y criminales, hecho que no hace más que agudizar la situación. Pero todo esto es el antes y el durante. Borders nos muestra estos dos pasos, pero se olvida del tercero, el destino. La dificultad de cruzar la frontera es el núcleo del videojuego, como el propio creador afirma: si ya es difícil hacerlo en un videojuego, imagen en la vida real. Sin embargo, cuando logran cruzar la frontera, la situación no mejora.

El odio racial ha aumentado considerablemente durante estos últimos meses en Estados Unidos y la presión social hacía muchos emigrantes no para de aumentar. Jeanette Vizguerra emigró a los Estados Unidos en 1997, hace 20 años. Desde hace unos días vive refugiada dentro de la Primera Iglesia Unitaria en Denver para evitar los ataques de sus conciudadanos y ser deportada. Con cuatro hijos, tres de ellos nacidos en el país norteamericano, se enfrenta al peligro de ser deportada a su país de origen dejando atrás a todos sus hijos y a su marido. Todo esto mientras escucha al presidente su país, Donald Trump, gritar ante el Congreso que levantará un gran, gran muro entre México y su país mientras le aplauden en bloque todo el Partido Republicano

Ante esta desoladora situación el videojuego Borders, y su creador, Gonzalo Alvárez, aportan un pequeño grano de arena y utiliza el videojuego como una herramienta de activismo, como un arma de concienciación y empatía para que otros puedan ponerse en la piel de sus padres. No es mucho, ni va a ser jugado por miles de personas, pero es un comienzo. Lejos queda del éxito de otros juegos parecidos como Papers, Please, título que consiguió erigirse como un referente al conseguir más de 1.8 millones de usuarios. 1.8 millones de personas que han sentido como es ser, de una manera ficticia, virtual y abstracta, agente de aduanas y negar o permitir el desarrollo vital de otra persona. O Grand Theft Auto IV y su visión de los Estados Unidos. Esta entrega de la saga de Rockstar, como afirma Natham Ditum en el portal Glixel, es ahora más pertinente que nunca debido a la reflexión que encierra sobre la inclusión o exclusión de la población inmigrante en el país.

El videojuego puede aportar empatía, puede situarnos en la piel del otro y puede hacernos experimentar la vida de otros menos privilegiados que nosotros. En palabras de Jeremy Rifkin dentro de su obra La Civilización Empática: La carrera hacía una conciencia global en un mundo en crisis:

La capacidad de reconocernos en el otro y de reconocer al otro en nosotros es profundamente democratizadora. La empatía es el alma de la democracia. Es el reconocimiento de que cada vida es única y digna de la misma consideración en la esfera pública. La evolución de la empatía y de la democracia ha ido de la mano a lo largo de la historia. Cuanto más empática es una cultura, más democráticos son sus valores y sus instituciones de gobierno. (Rifkin, J. 2010, 159).

El videojuego Borders lo intenta y lo consigue con un éxito moderado debido a sus problemas como videojuego. Un gameplay muy conservador, una estética pixelart demasiado tosca y repetitiva y un estilo visual y sonoro muy limitado, propio de los títulos desarrollados en períodos tan corto de tiempo. Sin embargo, el juego de Álvarez es una muestra perfecta del videojuego como herramienta política y un esfuerzo loable por acercar al público la tragedia que supone cruzar la frontera mexicana. Además nos enseña dos asuntos muy relevantes para el medio, por un lado, la importancia de la biografía del creador en la creación de su obra y por otro lado la necesidad de incluir diferentes puntos de vista al videojuego desde la diversidad y la inclusión.

Para saber más:

  1. Fotografías: Un viaje por la frontera entre Estados Unidos y México.
  2. Documentales: 11 películas sobre inmigrantes que todos deberíamos ver.
  3. Novelas: 2 novelas sobre la frontera mexicana.
  4. Descarga gratuitamente el videojuego Borders.