Durante esta semana y debido al lanzamiento del videojuego The Last Guardian hemos asistido a un debate, de nuevo, sobre las notas y las puntuaciones alcanzadas y las razones dadas para puntuarlos de esta determinada manera. Por ejemplo, durante las conclusiones de la crítica de este juego publicada en la revista digital Polygon por Philip Kollar el autor menciona varias veces, tres, en un párrafo de seis líneas que el juego es muy similar, técnicamente, a cualquier otro lanzado para PlayStation 2, argumentado, de esta manera, su nota. La nota, un 7,5, lo sitúa, por ejemplo, dos puntos por debajo de la expansión para el juego lanzado en el año 2004, World of Warcraft, Legion, analizado en el mismo portal por el mismo autor. ¿Es The Last Guardian peor juego que la sexta expansión de un juego lanzado en el año 2004?

Otros medios no han tenido en cuenta el rendimiento gráfico, como Kotaku, quien tan solo menciona como aspecto negativo el control del protagonista. En medios nacionales, como Anaitgames, el juego ha sido puntuado con un 10 sobre 10, un juego perfecto, crítica realizada por Pep Sánchez. La misma nota ha recibido en otros análisis de medios independientes como Akihabara Blues. En estas dos críticas no mencionan en ningún momento el apartado técnico del juego como un gravamen importante ni como una falta grave del producto. En cambio, otros medios, como el conocido crítico Jim Sterling si lo mencionan, elevándolo, al igual que Kollar, como causa negativa para la valoración final del título.

Por supuesto, antes de continuar con el artículo, es necesario aclarar que el juego es perfectamente jugable y puede disfrutarse de principio a fin. El título nunca, según las críticas leídas, nosotros no lo hemos jugado, falla o se detiene. Simplemente el aspecto gráfico del producto no es equiparable a otras grandes superproducciones del momento y, según muchos críticos, se asemeja más a juegos nacidos en generaciones anteriores.

Dentro de estas dos visiones, la visión técnica de Philip Kollar o Jim Sterling y la visión artística de Simon Parkin, en The Guardian, Pep Sánchez en Anaitgames o Cristian Viver en Akihabara Blues se encuentra el futuro de la consideración del videojuego.

the_last_guardian_by_victoriousmoon

Durante la Edad Media el pergamino era un elemento muy valioso. Era necesario sacrificar becerros, ovejas o cabras para fabricar un libro. Debías sacrificar tu alimento, tan necesario en ese tiempo, para poder elaborar un libro. Era tan necesaria la comida que en muchas ocasiones se borraban los textos y se escribían nuevas obras encima de las anteriores. Por culpa de esta práctica no nos han llegado un buen número de obras pertenecientes a este período.  Además, para preparar estos pergaminos era necesario un tratamiento previo con cal y dependía de la calidad de la cal la posterior calidad del pergamino, así, como, por supuesto, de la calidad de la piel del animal sacrificado. A la hora de comprar un pergamino en la época medieval se miraban con lupa todos estos elementos, ya que el precio de los libros era desorbitado y cualquiera que fuera a adquirir uno debía mirar todos los elementos de una manera detenida ya que estaba a punto de adquirir un producto muy especial.  La calidad técnica importaba en el momento de la compra, pero los compradores no se desprendían de una cantidad importante de sus riquezas para adquirir un trozo de piel de animal muerto, lo compraban por el contenido, por las letras que contenían, eso era lo importante, lo verdaderamente importante. Nadie habla ya de la calidad del pergamino en el que se redactó el Cantar del Mío Cid pero siguen hablando de las letras que componían el Cantar del Mío Cid. La Historia ha desechado el contenedor de la obra y ha guardado el contenido.

En este punto debemos detenernos y reflexionar durante un breve momento ¿qué deseamos criticar? ¿La calidad del papel en la que redactó Cervantes El Quijote o la historia que redactó sobre ese papel? Es cierto que la faceta técnica y tecnológica del videojuego es importante, es más, es clave para el desarrollo de la industra, además de ser un factor esencial para muchos jugadores a la hora de comprar un videojuego. Si he gastado más de 2.000 euros en un sistema de entretenimiento quiero disfrutar su parte técnica, por supuesto, es un argumento válido y coherente. Sin embargo, si solo exigimos una evolución en el medio de la parte técnica del mismo vamos a contar con videojuegos muy bonitos y realistas pero vacíos, vamos a poder jugar a contenedores sin contenido. Si solo nos fijamos en la calidad del pergamino ¿para qué queremos que estén escritos?

Nuestra opinión ante este respecto es evidente. La crítica de videojuegos debe tratar a estos con un sentido histórico. Debe examinar que lugares han sido mejorados con respecto a los demás. La evolución o calidad ténica de un videojuego no debe medirse únicamente por su aspecto exterior, sino también por sus elementos interiores. La inteligencia artificial de los personajes no jugadores o la narrativa y la expresión de emociones o sentimientos. Todos estos, entre otros muchos, son ámbitos que el videojuego debe mejorar y son igual de importantes que la evolución técnica del videojuego dentro del aspecto visual fotorrealista. La calidad técnica de un juego no solo se muestra en su apariencia visual exterior, sino también en otros elementos como el comportamiento de la inteligencia artificial, una de las verdaderas claves del videojuego del futuro. Sin embargo la inmediatez en la que nos vemos sumergidos nos reta a pensar en diez, veinte o treinta años, pero si The Last Guardian es un juego perfecto, como algunos afirman ¿seguiremos debatiendo sobre su frame rate? Nosotros lo dudamos. Para valorar, en su justa medida, un videojuego debemos pararnos a pensar y preguntarnos si ese título es importante para el medio, si ha supuesto o marcado un hito en cualquier parte o elemento de las que se compone un videojuego y si dentro de diez, quince, treinta años va a ser recordado como un título importante dentro de la historia del medio o no.