El debate sobre la existencia o no de problemas de representación de género en los videojuegos es uno de los temas que más polémica han generado en los últimos tiempos. Debates extensos han llenado páginas y páginas y ha adquirido un nivel hegemónico dentro de las controversias internas del mundo de los videojuegos. Por supuesto, es un tema crucial y existe una demanda para que este tema se solucione igualando y equilibrando las representaciones de los diferentes géneros. Sin embargo, otro debate que consideramos de especial relevancia ha pasado, desde el inicio de la historia de los videojuegos, completamente desapercibido, la etnia o la raza y las representaciones y usos que de estas se hacen en los productos videolúdicos. No ha sido hasta la salida a la luz del videojuego The Witcher III: Wild Hunt (CD Projekt, 2015) cuando esta problemática social ha calado en el debate público estadounidense, aunque en este caso examinaremos The Last of Us.

Consider the current darling of media and consumers, The Witcher 3: Wild Hunt. I’ve currently put in a total of 170 plus hours into it, and it’s one of the greatest games I’ve ever played. I even adore the white male lead for his dad jokes and genuine love for his friends. Reviews have lavished praise, perfect scores and awards on it. While some reviews have mentioned issues such as sexism, none I read mentioned another crucial misstep: Not a single human in the game is a person of color. [Editor’s note: Hey, wait a second, Polygon’s review did in fact bring this issue up!] And it’s tied to a central issue here that gaming as whole needs to face: Concerns of minority groups are not only ignored, they’re so often not even considered. (en Colorblind: On The Witcher 3, Rust, and gaming’s race problem de Tauriq Moosa el día 3 de 2015 en Polygon).

De esta forma, negando la existencia de diferentes etnias en un mundo fantástico como es el mundo de Geralt de Rivia aparecieron las primeras polémicas sobre la etnia y su representación de los videojuegos, adquiriendo dos niveles de debate. El primero es la representación de la propia etnia dentro del videojuego. El papel que desarrollan, las relaciones que se trazan durante el argumento y especialmente las reproducciones de situaciones reales dentro del mundo videojuego, como relaciones de dependencia o inferioridad. El segundo nivel de debate, externo al videojuego en sí, trata sobre forzar a jugadores de diferentes etnias a jugar, por obligación, con una etnia en concreto y especialmente cuando a jugadores etnia blanca se les obliga a manejar personajes de raza negra, como indica este fragmento, hecho que disparó las alarmas en cuanto a este hecho en cuestión:

You see the problem. When white gamers are forced to play people not of their race, it’s “forced politics”; when I’m forced into the same scenario, it’s business as usual. When you complain, you’re making a fuss and being political. The argument is a bit scary when you break it down: The only way games can avoid politics in this situation is to pretend that people of color don’t exist (en Colorblind: On The Witcher 3, Rust, and gaming’s race problem de Tauriq Moosa el día 3 de 2015 en Polygon).

359312-sepik.jpg

No solo las representaciones étnicas están bien ejecutadas en “The Last of Us”, sino que las representaciones de género también se encuentran muy bien desarrolladas.

La explicación que ofrece Tauriq Moosa, autor de los fragmentos anteriores, profesor Sudafricano de ética y cultura digital en la Universidad de Cape Town y escritor en publicaciones de prestigio como The Guardian, The Daily Beast o New Statesman, sobre la inexistencia de críticas o la propia existencia de un debate acerca de las representaciones étnicas es la hegemonía blanca en los medios de divulgación e información, donde este debate no es que sea escondido o evitado, sino que ni tan siquiera es tenido en cuenta:

Reviews have lavished praise, perfect scores and awards on it. While some reviews have mentioned issues such as sexism, none I read mentioned another crucial misstep: Not a single human in the game is a person of color. [Editor’s note: Hey, wait a second, Polygon’s review did in fact bring this issue up!] And it’s tied to a central issue here that gaming as whole needs to face: Concerns of minority groups are not only ignored, they’re so often not even considered. Let’s look at a few uncomfortable facts. Almost every Witcher 3 review I came across was written by a white man — excellent writers and all of whom I respect. But games media itself is, like the tech world, a very white-male dominated area. This is why we got a hundred articles confronting the Witcher 3 devs about less pretty grass physics, but not a single article asking them about no people of color (en Colorblind: On The Witcher 3, Rust, and gaming’s race problem de Tauriq Moosa el día 3 de 2015 en Polygon).

Esta cuestión, la obviación del problema de la infrarrepresentación en la diversidad étnica dentro de los videojuegos, no solo es relacionada con los periodistas y la prensa en general del videojuego, sino también entre los desarrolladores de videojuegos, como indica Luke Maciak en la publicación Terminally Coherent:

Witcher 3 does not contain any people of color not because of “mythology” or “history” or “book lore” but most likely because CD Project Red never even considered adding non white characters to their game. They literally forgot that non-white people even exist, which is something that happens when you are a white person, living in predominantly white culture, and consuming predominantly white media (en Witcher 3 and diversity, de Luke Maciak el 5 de junio de 2015 en Terminally Incoherent).

El problema y el principal factor de la infrarrepresentación de diferentes razas a la blanca dentro del mundo del videojuego en todos sus rincones es achacada a la amplia y demoledora hegemonía de la raza blanca dentro de la industria del videojuego, y no tanto a problemas racistas. Si estás desarrollando o escribiendo sobre videojuegos para personas de raza blanca en general, obvias por completo a las demás razas. Este argumento, sin embargo, no se sostiene por sí mismo dada la necesidad de representar y manifestar la diversidad étnica actual y contemporánea en las industrias culturales para intentar evitar la reproducción de construcciones sociales racistas.

1406532285-joel-on-horseback.jpg

The Last of Us consigue plasmar con maestría el problema de la diversidad racial y lo hace desde el cuestionamiento de los estereotipos afianzados con la tradición.

Sin embargo, existen otros juegos que si han sabido captar y representar adecuadamente la diversidad étnica, como el caso que nos ocupa, The Last of Us. En este videojuego las distintas etnias están representadas de manera equilibrada y tienen una presencia destacada en la trama sin tener que recurrir a la reconstrucción o reproducción de construcciones raciales racistas dentro del juego, como indica Jennifer Stienstra en la publicación The Sheridan Sun:

While you do play a stereotypical scruffy, heterosexual white man, Naughty Dog did an excellent job writing in characters representing different races, well-written female characters, and ones who identify themselves as part of the LGBT+ community (En The Last of Us leads in diversity de Jennifer Stienstra en The Sheridan Sun).

No solo las representaciones raciales están bien construidas, no perpetuando estereotipos racistas u obviando la diversidad étnica, sino que las representaciones de género están igualmente bien conducidas, llegando a puntos donde la representación femenina es hegemónica frente a la masculina, y donde los valores heteropatriarcales son puestos en duda en muchos casos y obviados en el resto de las ocasiones. The Last of Us no cae en la trampa de la infrarrepresentación étnica y de género en la que caen otros juegos como The Witcher III: The Wild Hunt:

Creating digital representations of people who aren’t white indicates a culture and industry who view us as people. It counters the status quo that dehumanizes us by erasing us or casting us as non-humans. We want to be seen as people, too. There’s little more to it, for me (en Colorblind: On The Witcher 3, Rust, and gaming’s race problem de Tauriq Moosa el día 3 de 2015 en Polygon).

La respuesta a estas afirmaciones de Moosa no se hicieron esperar y en la revista Forbes el articulista Paul Tassi daba la razón a este, afirmando que hasta la fecha había sido ciego a los colores de la piel en los personajes de los videojuegos y sus representaciones en estos. De hecho, si observamos y repasamos algunas críticas realizadas al videojuego The Last of Us no encontraremos mención alguna a la diversidad racial, razón de más para afirmar el completo olvido al que queda relegada la cuestión racial en la prensa y el desarrollo de videojuegos.

Too often, white people (like myself) often pride themselves in being “colorblind.” I am literally colorblind (red/green/brown/grey all look kind of the same to me), but I’m also racially colorblind at times, something I’m coming to realize should not be a bragging point. People say “I don’t see race” as a means to express their supposed inclusiveness, and that’s often more true than it sounds. Just like I didn’t notice that everyone in The Witcher 3 was white, I also really never considered that Paul Walker has been the only white guy in the Fast and Furious films for years now, until someone pointed out to me that the series had the most diverse ensemble cast across any blockbuster franchise. I genuinely never realized it (En Yes, I’m Colorblind About ‘The Witcher 3,’ And Yes, That’s A Problem, de Paul Tassi, en Forbes, el 4 de junio de 2015).

297161-PitBult999.jpg

Las cuestiones de etnia y su representación se han visto relegadas por otros debates como el relacionado con el género y sus representaciones.

Tassi reconoció, de esta manera la existencia de un grave problema dentro de los videojuegos que hasta la fecha no había existido, las representaciones raciales y el papel que estas habían tenido dentro del mundo videolúdico, reproduciendo construcciones sociales injustas de la vida real en mundos inventados sin poner el acento en la crítica o la denuncia, sino simplemente reproduciendo acontecimientos o escenas racistas sin parar a pensar o reflexionar en ellas. Este problema es un tema que debería tener más presencia en los medios, como lo tiene el problema del género, ya que es igual de importante que el anterior y sin embargo apenas se tiene en cuenta en la actualidad.

The Last of Us consigue plasmar con maestría el problema de la diversidad racial y lo hace desde el cuestionamiento de los estereotipos afianzados con la tradición. No cae en la falsa regla de intentar representar la realidad, sino que consigue cuestionarla desde la plasmación de diferentes roles sin tener en cuenta este tipo de estereotipos, añadiendo una capa más de complejidad y riqueza a un juego ya de por sí excepcional.